Por esto existen los velatorios, pero hoy día cada vez menos gente quiere velar a su muertos con dos o tres horas parece que es suficiente aqui te cuento esta historia, la cual esta bien documentada por la prensa local.
Marina Sánchez, una mujer de un pequeño pueblo español, sufrió un fuerte ataque epiléptico. El médico la examinó… y dio el peor diagnóstico: “Está muerta”.
Un vecino, que quería darle su último adiós, se acercó al ataúd. Al mirarla de cerca, sintió un escalofrío: Marina movió los ojos.
Entre gritos y confusión, detuvieron el funeral. Médicos la atendieron de urgencia… y sobrevivió. No solo volvió a la vida, sino que vivió más de 30 años después de aquel día.
Historias como la de Marina nos recuerdan que la línea entre la vida y la muerte, a veces, puede ser más delgada de lo que creemos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario